La frase



“Tan real como una fragancia”.
Jorge Drexler, Eco.



miércoles, diciembre 16

Corrección Las preguntas de Gallup

Que pena con todos ustedes. En el texto Las preguntas de Gallup me equivoqué en cuanto a los datos de la muestra de la encuesta. Ni siquiera en todas las ciudades llega a 2,500 el número de entrevistas, como había dicho que era la cantidad sólo en Medellín. En realidad, hacen 1,000 encuestas: 400 en Bogotá, 200 en Medellín, 200 en Cali y 200 en Barranquilla.

Sólo por curiosidad: según el DANE, en esas cuatro ciudades hay 5,816,834 habitantes. Es decir, que la muestra para hacer las encuestas es de un 0,017% de esas cuatro ciudades. En cuanto a Colombia, representaría un 0,0022%, aproximadamente.

Disculparán la equivocación.

A la muestra: The Voca People

Voca: un planeta musical ubicado entre la Osa Menor y la Osa Mayor. Cualquier terrestre puede entender el lenguaje de allí.

Para los que no los han visto nunca, aquí les presento algo que me parece muy chévere: The Voca People. Sólo voces, sin ningún instrumento ni ningún efecto de sonido. Según traducciones del director musical de Voca, Shai Fishman, lo que van a ver es la historia de la música en tres minutos.

Ojalá la disfruten.

martes, diciembre 15

Su hombre perfecto

Ella lo mira hasta que él da vuelta hacia ella. Ella mira hacia su cuaderno, como si pudiera concentrarse. Él la mira a ella queriendo perderse.

Ambos se miran pero no se hablan. Se reconocen pero no se nombran. Se hablan pero sin palabras.

Siempre estuvieron juntos, sólo que no lo sabían. Ella lo esperaba a él desde que era pequeña. Él creyó que ella nunca podría existir pero guarbada su esperanza.

Se hablaron sin reconocerse aún. Ella le regaló una primera canción y luego se perdió en esos ojos; y él... bueno, él sigue siendo su hombre perfecto.


Las preguntas de Gallup

A eso de las siete de la noche, un día cualquiera de octubre, estaba en la cocina de mi casa con mi abuela. Sonó el teléfono y ella me dijo: "Conteste que eso debe ser para usted". Evidentemente así lo era, pues era yo quien debería responder las preguntas de la encuesta Gallup.

Yo vivo con mi abuela y mi hermano. Ambos untarían sus diez dedos de las manos de tinta para volver a votar por el presidente actual. Ambos creen en las Fuerzas Militares, en el Ejecutivo más que en el Judicial, en la seguridad y en otras cosas. Yo casi nunca estoy en mi casa, se podría decir que voy a dormir pues la mayor parte del día estoy afuera.

Por cosas del destino, ese día llegué antes de las nueve de la noche y mi hermano, que es el que se tira por el teléfono, no estaba. Si mi abuela hubiera contestado, hubiera respondido: "No, muchas gracias. No me interesa", sin siquiera haber dado la oportunidad de hablar al otro.

Pues bueno, contesté yo. La encuesta se hace en Bogotá, Cali, la Costa Atlántica y Medellín. En esta última ciudad, se hacen aproximadamente 2.500 llamadas. Afortunadamente fui una de las que respondió. Aunque lo importante no es qué respondí sino qué me preguntaron.

Empezaron a cuestionarme por ciertos aspectos. Que qué pensaba de la pobreza, del costo de vida, del estado de las carreteras y su seguridad (que pregunta tan reeleccionista ¿no?), de la salud, de la educación, de la seguridad en general, de la economía, de las relaciones internacionales, del narcotráfico y de la guerrilla. Luego me quedé pensando por qué no me preguntaron por los paramilitares aunque no sé qué hubiera respondido.

Después siguieron preguntándome que qué opinión me merecía Uribe, Lula Da Silva, Chávez, Correa y Obama. No nombraron ningún otro presidente. También me hicieron preguntas acerca de ciertos personajes del país como Fernando Araujo, el General Padilla, Óscar Naranjo y Juan Manuel Santos.

Evidentemente no podía faltar la pregunta de por quién votaría si las elecciones fueran yo no sé cuándo. Los posibles candidatos por quienes me preguntaron son, en el mismo orden de la encuesta, Juan Manuel Santos, Noemí Sanín, Rafael Pardo, Gustavo Petro y Sergio Fajardo. Esa era una ronda. Luego vino la segunda en la que además de esos posibles candidatos, estaba Andrés Felipe Arias. ¿Por qué en otra ronda? Me atrevería a decir que eso cambia los resultados.

Prosiguieron con una serie de preguntas acerca del sistema judicial (literalmente), de la Corte Suprema de Justicia, del Congreso, de la Fiscalía, de los medios de comunicación, de los sindicatos, de la clase empresarial, del Banco de la República, de la Contraloría y Procuraduría, de la ONU y de la Iglesia.

Me hicieron unas preguntas que nunca me imaginé que cuestionaran debido a que cuando leía las respuestas de encuestas pasadas, publicadas en la revista Semana o El Colombiano, no aparecían sino el 10% de lo que en verdad es la encuesta. Siempre he querido saber qué piensa la gente de los medios de comunicación. Claro que no se puede generalizar a toda Colombia por unas 10.000 respuestas hechas sólo en tres ciudades y una región. Valiente gracia.

Pero bueno, no nos perdamos que es ahora que siguen las preguntas que más me impresionaron.

- Responda con un siempre, a veces o nunca a la siguiente pregunta. ¿Sacrificaría usted la justicia por la paz?
- Nunca.
- ¿Está usted en acuerdo o desacuerdo con la relación del presidente Álvaro Uribe y los Derechos Humanos?
- Desacuerdo.
- ¿Sacrificaría usted la libertad por la seguridad?
-Nooooooooooooo.
- Respecto a la actuación que debe hacer el gobierno frente a la guerrilla, ¿usted diría que se necesita un acuerdo de paz o la guerra?
- Acuerdo de paz.

La encuesta duró 15 minutos y eso que hice record, según me dijo mi entrevistador. Al final, no podía creer la clase de cosas que me habían preguntado. Con razón tanto énfasis en las palabras de mis profesores de periodismo cuando me dicen que hay preguntas que ya indican cierta respuesta. En esa encuesta, sólo se preguntó de los temas que giran en torno a la reelección y al actual presidente.

Lo más curioso es que cuando salieron los resultados, los medios de comunicación no alardearon tanto como con el famoso 84% de popularidad de Uribe. Claro, qué iban a gritar cuando Uribe pasó de un 84% a un 64%, su peor porcentaje en los siete años que lleva en la Casa de Nariño.

La Bienvenida

Esperaba tanto escribir esta entrada. ¿Razón? Porque esta entrada marcaba mi regreso al blog, tanto al mío como a los de quienes me leen. Y no sólo eso, la bienvenida también es para la lectura de lo que yo quiera, para las salidas, para tantas rumbas que tengo por arreglar, para las dormidas hasta tarde, para el tiempo y para todo lo demás que se me ocurra.

La bienvenida la hago en general para mis vacaciones.

Ya regresé y haré lo posible porque los próximos finales no me alejen del blog. Ahora sí, la bienvenida a todos ustedes. Por aquí los espero con nuevos y mejores escritos. Por ahí los leeré. Bienvenidos los que me leen y los que me leererán.

Hasta pronto.

sábado, noviembre 28

Reparación: Una larga espera

“A mí no me da miedo hablar, ni mucho menos que me escuche alguien ‘indebido’. Cuando a uno lo desplazan y le matan a los seres queridos, las cosas cambian mucho”, Eduardo alza el tono de su voz y comienza el relato.


Eduardo Barrios es un antioqueño nacido en Caucasia el 31 de diciembre de 1957. Los paramilitares los desalojaron a él, a su mamá y a sus siete hermanos de una finca que tenían en ese municipio.


Desde que vive en Medellín, tiene dos tipos de días: los que va a la Alpujarra a buscar atención y los que se queda con su mamá para cuidarla. “Ella ya tiene 80 años, le ha tocado salir de su tierra, ver a un hijo enfermo y perder uno; además del hermano, el yerno y tres nietos, todos asesinados. Yo vine aquí porque de pronto iban a hacer ayudas administrativas para aligerar las cosas, pero Gerardo Vega dice que todavía hay que esperar a la presidencia. ¿Y mientras eso qué? ¿Se mueren mi hermano y mi mamá que están bien enfermos?”.


Además de Eduardo, otras víctimas del desplazamiento forzado se preguntan lo mismo en cuanto la rapidez del proceso. A esa cuestión, Gerardo Vega, coordinador de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación en Antioquia, responde que la restitución debe adecuarse más rápido porque hoy una tierra que está a nombre de otro demora en restituirse 14 años. “¿Y mientras eso qué?”, se cuestiona Eduardo.


Su tono de voz, su semblante y sus ojos cambian intentando responder a esa pregunta. Comienza a hablar más rápido y más duro, sin temor a que alguien lo oiga. “Las tierras que supuestamente le quitaron a los paramilitares no han vuelto a nosotros, eso lo tiene Uribe. O si no, ¿dónde está la plata que da Estados Unidos? ¿Y las tierras y el dinero que han dado los paramilitares? Se los estará comiendo el gobierno porque a nosotros no nos llega nada”.


Mientras Eduardo dice eso, Vega está en un recinto dando una conferencia acerca del desplazamiento forzado. “Los victimarios tienen que devolver los terrenos obtenidos, ya sea de manera lícita o ilícita. Si se apropiaron de una finca y el dueño la reclama pues hay que dársela. Pero si los paramilitares compraron una tierra por otros negocios y los dan en Justicia y Paz, el juez decide qué hacer con ellas”.


Hasta el momento, se ha sabido de 5 millones 500 mil hectáreas apropiadas por paramilitares en Colombia. De esas hectáreas, 7800 fueron devueltas al Fondo de Reparación a las Víctimas. Todos esos terrenos están en manos del fondo, excepto las 900 hectáreas que devolvió Salvatore Mancuso a una víctima en Córdoba y las 305 más 100 hectáreas entregadas en Turbo. Cuatro años después de la Ley de Justicia y Paz, se han entregado tres tierras a las víctimas. Las otras están en manos de Acción Social.


“Yo ya tengo todos los papeles listos para que me den una ayuda. Eso no es ni siquiera para mí, sino para mi mamá que está enferma. Llevo en esas más de dos años. Si espero más, mi mamá se muere y no le toca ver nada…-Eduardo se queda en silencio un momento, intentando recuperar el habla- Vaya uno a saber qué pasa con eso. Será hasta que el Presidente deje”.


Durante tres años de visitas continuas a Acción Social, Eduardo ha recibido 180 mil pesos, de los 370 mil que le habían prometido. “Eso me lo dieron el 28 de mayo de 2009 pero uno con eso ni come ni vive”.


Las víctimas de Eduardo


Hace unos pocos años, Eduardo vive en Medellín. Mientras rememora el cómo llegó a la ciudad, cuenta que a su hermano Adalberto Mejía lo desaparecieron el 15 de mayo de 2004 en un Cuturú, Caucasia. Además, acusa al jefe paramilitar Ramón Isaza de haber asesinado a sus sobrinos Eduard Ordoñez Atencia, Arides Eduardo Villamizar y Robert Ordoñez, a su cuñado Raúl Uragama y a su tío Julio Belencio.


El paramilitar Ramón Isaza se desmovilizó el 7 de febrero de 2006 e ingresó a la Ley de Justicia y Paz, prometiendo colaborar con la verdad, la justicia y la reparación. Cuando oye hablar de esa Ley, Eduardo se pone tenso y comienza a hablar a más velocidad. “Eso lo único que hace es darle sueldos a los victimarios: paramilitares y guerrilla. Las víctimas quedamos por fuera”.


Para explicar este fenómeno, Gerardo Vega argumenta que hace cuatro años, cuando nació esta Ley, lo más importante para el Estado y el Gobierno era convencer a los victimarios de que se desmovilizaran. El interés era asegurar su reincorporación a la sociedad mediante unas facilidades de estudio y de trabajo. “Pero ya la mirada está en las personas que fueron afectadas, que creo es lo importante”, explica Vega.


Como los todos sus días desde que están en Medellín, Eduardo Barrios vuelve a su casa esperando alguna llamada de Acción Social para confirmar algún dinero. “Si llega, esa plata va a ser para mi mamá. Apenas ella tenga esa plata, me voy de aquí a conseguir trabajo en otra parte. Esto aquí es muy duro”, termina de contar Eduardo, ya sin lágrimas y sin alterar la voz.